sábado, 15 de septiembre de 2007

Transporte Urbano


- ¿Qué otras características del realismo mágico encuentran en Aura? – Escuche preguntar a la profesora de literatura, mientras entre veía mis apuntes en la libreta y mi mano jugaba con el celular.
- Los personajes perciben elementos fantásticos como parte de la “normalidad” - Contesto uno de mis compañeros.
- Pareciera ser un sueño - Susurro alguien detrás de mí.
- ¿Tienes sueño o estas enamorado Felipe? Andas ido… - Salía a flote del letargo enfermizo que siempre me aqueja.
- Quizás tenga un poco de sueño, a lo mejor me estoy enamorando, o simplemente estoy viviendo- Conteste a mí amiga que me observaba desde su asiento.
- “Se solicita Felipe Montero, antiguo becario en la Sorbona, historiador cargado… - Leía la profesora. Me exalte al oír mi nombre, no era tal y cual Felipe Montero, es solamente Felipe.. Comencé a escribir en la ultima hoja de mi libreta: “Ahogado dentro de la frustrada alegría de la vida loca y sin sentido”. Mi amiga se me quedo viendo enmudecida, luego sonrió y me dio un pellizco
- ¡Ah!- Brinque en mi asiento.
- Para que despiertes, no quieres terminar como un personaje de un cuento del realismo mágico… - Mire a mi amiga mientras me sobaba.
- “Recoges tu portafolio y dejas la propina…”- Leía la profesora, mientras yo caía nuevamente en la fantasía de los ojos abiertos.
-
Vibró el celular, recién llegaba un mensaje: “Te quiero niño”. Coloque el celular en el bolsillo. Mi amiga seguía tomando nota de la clase.

- Para mañana deben haber leído todo el cuento, además… - Sus palabras revoloteaban alrededor mío, eran mariposas vacías, las cuales no tenían referencia en ese momento en mí.
- Buenas tardes, que tengan un buen día- Se levanto la profesora con sus pertenencias y se marcho.
- Igualmente, hasta luego, buenas tardes – Una sopa de respuestas se coció.
- ¿Ya te vas a tu casa Felipe? – La cabeza de Noemí, recostada en mí pupitre preguntó.
- Pues sí, iré a leer… -
- Nos levantamos y salimos del salón de clases. Llegamos hasta la puerta de la escuela y él estaba ahí, al otro lado de la calle, esperándome con una gran flor amarilla.
- Entonces, mañana nos vemos, no leas tanto Felipe-

Se despidió mi amiga. Cruce la calle para encontrarme con la soledad.

- Hola hermoso, mira lo que te traje- Estiro su mano el joven, dándome la flor.
- ¡Gracias! Que amable…- Contesté.
- ¿Cómo te fue hoy? – Soplaba el viento calidamente, mientras me observaba Julián.
- Algo cansado, tuve examen de matemáticas, aparte tengo que realizar un ensayo para mañana.-
- Se ve que estas un poco agotado. ¿Quieres que vayamos al parque o prefieres ir a mi casa, o a la tuya?
- A casa, hoy quiero descansar un rato –

Nos dirigimos a la parada de camiones que se encuentra a dos calles de la escuela. Yo caminaba hacia el lado de la calle, en eso, sin sentir las manos de Julián en mi cintura, me movió hacia la pared. Agradecí para mis adentros el gesto tan caballeroso por parte de Julián.


- Camina mejor de esta lado, así estarás más seguro – Dijo, sonriéndome.
- ¿No quieres una paleta de dulce?- Pregunto mi querido.
- Esta bien – Saque el dinero de mi billetera y pague el dulce.

Por fin llegamos a la parada de camiones. Estaba por terminarme la paleta cuando escuche el silencio.

- Sabes, estoy muy feliz por haberte encontrado – Afirmo la silueta de Julián, observándome fijamente, mientras yo veía a través de él, vigilando la llegada del transporte urbano. Sólo pude emitir una sonrisa. El camión llego a la parada, las personas subían, acto seguido Julián y yo. Me subí primero, dándome el pasó Julián, como todo un gran caballero.
- Dos – Dijo el señor frente a mi, mientras pagaba el pasaje a su novia.
- Uno – Afirme al chofer, sucedido, le daba el dinero y me daba el boleto.

Caminé hasta la parte de atrás del camión, en la esquina. Me senté junto a la ventana y Julián a mi lado.

- Llegando a tú casa te daré un masaje, para que te relajes un poco – Me tomo de la mano Julián, yo sólo le sonreí, mientras miraba las casas y carros pasar a través del cristal.
- Te estoy preparando una sorpresa, para nuestro aniversario, aunque en realidad creo que ya sabes que es… - Se acercaba a mi hombro, para recostar su cabeza. Me mantenía mudo ante la escena.
- Te quiero, te quiero mucho – Dijo Julián en voz baja.
- Yo también te voy a querer, te amaré… - Contesté.

Los labios de Julián tocaron los míos, yo no los sentía. Tenía los ojos cerrados y la luz del sol aun me lastimaba sin importar que cerrara los ojos.

- Ya casi llegamos – Afirmó Julián.
- No, aun no, falta mucho, o quizás no… no lo sé – Dije, pero en realidad ya me estaba levantando del asiento, al igual que Julián. Di la orden de parada. Baje los escalones, toque el suelo, gire mi cuerpo y las puertas del camión se cerraron. Solo realice el viaje, Julián se desvaneció al igual que un sueño.

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