Escuchaba la tarde cantar,
el aire suspirar
el pájaro de la aurora...
Se detuvo el tiempo
y las horas se congelaron.
Entre tus brazos viajaba,
con un fino silencio,
hacia lo eterno,
ante la aurora

Veía el cielo nocturno cuando eso llegó.
Sentí que las estrellas caían de pronto.
Aquellas luces se diluían en líneas.
La noche se oscureció.
Lo efímero de un suspiro,
Lo delicado de la vida
La angustia de la nada
El vértigo que ahoga.
Las escalinatas y la mujer que grita
La noche de la ciudad,
Y el puente sobre la nada.
Poca generosidad,
Simplemente el odio
de los hombre
Era eso lo que rompía
La luna y el cielo
Volverán las estrellas
A la tierra de la que huyeron
En esos tiempos oscuros
Espero que así sea…

La mirada es todo y es nada. Es nuestra carta de presentación y con ella misma recibimos o no. ¿Cuántas veces no hemos evadido la mirada simplemente porque no queremos que nos vea o nos hable alguna persona? Pasamos de largo sin mirar, luego pensamos que si nos vio aquella persona pensará que nosotros no le hemos visto. Cuando deseamos que alguien nos mire, una persona absorta en su mundo, la miramos constantemente hasta que sienta la mirada y nos voltee a ver con una sonrisa. Deseamos ser vistos en ocasiones, cuando nos sentimos alegres y confiados de nuestra situación. La mirada se pierde cuando se está triste, se baja y cae en el suelo luego se dispara en busca de lo perdido. Podemos decir con la mirada a quienes nos rodean que sufrimos o que gozamos, transmitimos emociones con la mirada, pues ella habla por nosotros. Aquél que nos mira no nos reconoce, y jugamos a ignorar, a decirle al otro con los ojos “no me importas porque no te veo”. Hay miradas que matan y miradas dulces, que alegran o que ahuyenta. En pocas palabras la mirada es todo y nada, todo porque con ella realizamos varias acciones: reconocemos, ignoramos, evadimos, transmitimos sentimientos e ideas, ¿cuántas veces hemos avisado a alguien de que no hable de algo por medio de la mirada?, y nada porque es tan furtiva como un parpadeo, un vistazo… mirar de manera rápida a una persona que nos gusta y seguir sin voltear.

Hace tiempo buscando un alivio tuve la ayuda de un amigo y profesor, me pidió un ejercicio de escritura, recordar y reconstruir en breves imágenes transformadas en palabras. La infancia, envuelta en un pequeño hogar donde nunca faltaban los periódicos, las noticias del radio y la música, desde The Beatles, hasta La sonora santanera. La primera invitación a la lectura fue promovida por la escuela, en la primaria. Sobre dinosaurios, historias de terror, eran las primeras lecturas, luego encontré la mitología griega. Las explicaciones a los sucesos de la realidad: el nacimiento del sol, la luna y las estrellas, el origen del mundo, el porque de la muerte. Los hilos de la vida se cortan con las tijeras de las moiras.
Redescubrir la ciudad, las calles de un lugar de edificios, de cielos achocolatados invadido por IMECAS, la torre latinoamericana, Bellas Artes, el Zócalo, museos, el bosque de Chapultepec, y del sonido metálico del metro, sus olores y luces. De la mitología a la religión envuelta en misticismo. Asistía a una escuela católica, donde se rezaba todos los días a las doce de la tarde. En la casa veía que llegaban personas que buscaban limpiarse de las malas vibras, las limpias eran realizadas por mi tía. En ocasiones estaba presente en los rituales de curación, me colocaban dentro de un círculo de fuego, me pasaban cuchillos sobre el cuerpo. Decía mi tía que su cuerpo era poseído por un ángel que le ayudaba. Llegué a ver fantasmas.
Dejé atrás la ciudad y sus encantos, aquella mole de metal fue sustituida por una ciudad llena de árboles, un ambiente siempre verde y saturado de nubes bajas, de cierta melancolía que llega con la neblina. Mi adolescencia invadida por temores, descubrí que no encajaba en la norma, tenía que callarme algo que no comprendía, temía de aquellos que estaban en la norma. En silencio seguí mi camino hasta llegar a la mayoría de edad. Después de huir del área de exactas, deseaba reencontrarme con la lectura, con aquellos viejos mitos, pero deseaba la crítica, el análisis, algo que abarcara todo y no se limitara a un solo aspecto, así llegué a Letras y a Filosofía, dejé pausado el proyecto de cursar literatura y por azar estudié filosofía.
Durante aquél tiempo llegué al abismo, a encontrarme al filo del camino, sentir la adrenalina de quererme aventar. Aquellas historias amorosas me hicieron descubrir algo que estaba dormido hace tiempo. Fui introducido a la poesía, la poesía amorosa, del silencio más fino. Comencé a escribir y a plasmar aquellos recuerdos y escenarios pasados. La melancolía surgía nuevamente por la duda de qué sería mi vida en letras. Entré al curso de Poesía Mexicana quedando asombrado, encontré el romanticismo y con este una explicación a lo que sentía. Aquellos fragmentos amorosos dieron tanto bellos momentos como oscuros y el romanticismo me daba una explicación de lo que sentía. Me di cuenta de que la vida se vive, pero también tenía la filosofía y entendí que había un conflicto entre ambas. Por azar encontré el pensamiento de Zambrano, Filosofía y Poesía. Por un lado tenemos la unidad y la identidad, por el otro lo diverso y lo mutable, el espíritu y el alma, la razón y el sentimiento. Siguiendo la investigación encontré la figura del poeta, o quizás me encontró, aquel ser expulsado de la república, poseído por la divinidad, amado y odiado por ser quien exalta los placeres de la carne, por decir lo que siente, por detenerse a mirar aquello que parece absurdo o minúsculo. Para mi representa aquellos que han sido expulsado, minimizados, alejados, condenados, los olvidados y excluidos. El poeta es lo débil, la mujer, los sentimientos, los sueños, la muerte, la noche, los monstruos, la locura, la nada, los que han sido callados por aquella gran razón que poco a poco se esta disolviendo.
El mosaico es aquella obra que esta hecha de pedazos de piedras o vidrios generalmente de varios colores, considero que así es la vida, esta hecha de pedazos, algunos opacos otros luminosos, de recuerdos, ausencias y presencias, de piezas de otras realidades, de tradiciones e historias entremezcladas, una obra que se va construyendo día a día y que no tiene límites por el hecho de compartir la vida con otros. Atreverse a decir por qué no ante una situación, aventarse, decidirse a caminar a pesar de ignorar el resultado, ese es el mosaico.
Mientras el fuego surgía
De la tierra que despertaba
Las estrellas goteaban
Te encontré con alegría
Una platica en un café
Miradas y palabras
Luego tu mano tomé
Tu calor me animaba
Eres como las hojas que caen,
Como la suavidad de la neblina.
Y el sol que muere
Eres el rumor del otoño,
La tranquilidad del estanque,
Alegría del arroyo,
La humedad de un beso,
Y goteo de un suspiro.
Mis manos serán
El suave viento.
Las palabras, tu aliento
Y mi hombro tu lecho.
Como la hoja en la tierra
Que duerme en ella.