lunes, 11 de octubre de 2010

Tierra


Olores café y blanco
Corteza crujiente
núcleos de migajón
hojas de azucar

domingo, 10 de octubre de 2010

La llama


No deseo la luz cegadora, tampoco deseo la completa oscuridad. Anhelo la llama, aquella luz que alumbra pero no impacta, aquella luz cálida que no olvida la oscuridad. La deseo porque el centro de la llama es oscuro y en la oscuridad está el misterio.

jueves, 7 de octubre de 2010

Monólogo abierto: Sobre la ausencia


Soy consciente de tu cariño pero la ausencia en ocasiones me transporta a lugares que desearía no ir. Admito que estoy enamorado de ti, que al verte sonrío y mi cuerpo se estremece, pero también admito que me invade la duda. Duda de que tus labios toquen otros labios, de que tus manos recorran otro cuerpo que no sea el mío. ¿Tengo razones para pensar esto? En realidad no. No me has dado pie a que tenga este pensamiento, pero es esa misma ausencia la que me hace pensar que sí. Se puede pensar que he sido yo el que te ha engañado, no es así. Mis labios sólo han tocado los tuyos, mis manos han buscado las tuyas solamente. Mis pensamientos son los que me han transportado a un pasado ilusorio, a un pasado que yo mismo he convertido en mi edad de oro. Un pasado al cual me gustaría regresar, regresar en algunos fragmentos cuando conocí a la luna, luna que me tomó por la cintura y me besó, que agarró mi mano y me llevó a un sinfín de lugares… Sé que es una pérdida de tiempo recordar aquello que ya fue, pero mi mente reacciona con mi cuerpo y desea abrazar lo efímero. Es como si tu ausencia despertara otra más profunda, no hablo de la ausencia de la luna, más bien hablo de una ausencia personal, propia, muy íntima. ¿Miedo al rechazo? Vaya que ha sido un gran problema para mí y más para aquellos que estuvieron alrededor. Así es… tengo miedo al rechazo. Lo admito, tengo miedo. Miedo de que te vayas, de que me rechaces, de que te vayas y me olvides. Temor a que me digas algún día: hasta aquí… a eso le temo… y puede pasar, ha sucedido antes, pero lo he propiciado. Esta vez no lo he hecho, he mantenido aquella bestia bajo control. No te he lastimado con mi lengua, sólo te ha besado, mi cuerpo te ha acompañado y abrazado, pero no empujado. Porque me siento vacio y lleno, vacio para que entres y a mi mundo, lleno para mantenerme en la realidad. Eres mi presencia y ausencia, eres mi delirio y amor, eres tantas cosas. Y todo esto me lo digo a mí mismo, ¿en forma de monólogo? No lo creo, siempre hay un desdoblamiento, y aquél que lea estas palabras estará conversando conmigo pero también con su doble, y así ya no sólo seré yo, sino muchos otros. Desde la primera palabra hasta esta he viajado por innumerables mundos, es mejor dejar de avanzar y concluir.

domingo, 3 de octubre de 2010

El Punto


Vaya que ha pasado el tiempo desde que entré a trabajar al cibercafé. No recuerdo con precisión la fecha en que inicié mis labores, pero si recuerdo la cantidad de experiencias que me dejó trabajar. Mientras me encontraba en el limbo, pues después de salir de la prepa y entrar a la universidad, me encontré ante una carrera que no me gustó, decidí salirme y buscar empleo. Primero intenté trabajar en una tienda de ropa, pero no me gustó el ambiente. Me retiré con mis 20 kilos de más en el cuerpo y comencé ponerme metas en la vida, metas a corto y mediano plazo. Quería adelgazar, entrar a la universidad, y encontrar trabajo. Mis pretensiones se encaminaban a entrar a dos carreras. Después, gracias a una amiga de la prepa obtuve el empleo de encargado del cibercafé El punto. Cuando entré me sentía temeroso, al principio me fastidiaba, sentía que las horas nunca terminaban, además la actitud de mi jefa no era muy agradable… me sentía totalmente desubicado… pero eso fue cambiando con el tiempo, me fui acostumbrando hasta que pasaron cuatro años y medio y heme aquí, escribiendo unas cuantas palabras nostálgicas sobre mi primer trabajo que está por concluir este domingo. Pensar en El punto, es recordar tantas experiencias. En primera, que entraba a las salas de chat para conocer muchachos, después salía con ellos, y así fueron mis primeras reuniones. También conocí a mi primer novio duradero y tormentoso, que a pesar de la distancia, llegué a ser cosas que nunca creí hacer: salirme de mi casa, sin saber la ruta precisa, los pasos a seguir, era mi primer viaje fuera de casa totalmente solo y patrocinado por mi sudor. Por otra parte, aprendí mucho, sobre astrología, computación, filosofía, literatura, arte, etcétera. Tener la computadora enfrente me obligó a investigar y curiosear. Lamentablemente todo lo que empieza termina y con esto quiero darle un espacio a aquello que me dio tanto y que me enseñó mucho más. Gracias por estos cuatro años de gratas experiencias…

domingo, 19 de septiembre de 2010

Una merienda de locos


- En un lugar de la Mancha, de cuyo nombre no quiero acordarme, no ha mucho tiempo que vivía un hidalgo de los de lanza en astillero, adarga antigua, rocín flaco y galgo corredor…

- ¿Por qué no quieres acordarte? – Interrumpió la niña.

- Es una larga historia que comienza así: En un lugar de la Mancha, de cuyo nombre no quiero acordarme…

- Estás volviendo a repetir la historia. ¿Por qué no quieres acordarte? – Preguntó nuevamente la niña al pequeño Lirón.

- Tuve un desaire con el Quijote, era un hombre muy cuerdo. – Dijo el Lirón.

- El Quijote me regaló este reloj. – Dijo el Sombrerero viendo al Lirón como caía sobre su plato. – Creo que otra vez se volvió a dormir el Lirón. -¿Qué día del mes es hoy? – Veinticuatro – Le respondió la Liebre de Marzo. – Justo lo que pensé, tiene dos días de retraso. Te dije que la mantequilla no le sentaría bien a la maquinaria.

- ¡Cuéntanos un cuento, Alicia! – Ordenó el Sombrerero. - No me sé ninguno… - Respondió. - Mejor cambiemos de tema ¿Has ido de Comala? – Preguntó el Sombrerero a Alicia.

- No, nunca había escuchado ese nombre. - Yo tampoco. Dijo el Sombrerero.

- Vine a Comala… porque me dijeron que acá… vivía mi padre, un tal Pedro Páramo… Mi madre me lo dijo… - Decía entre sueños el Lirón.

- Tengo una historia que contarles. – Exclamó la Liebre de Marzo.

- ¡Cuenta, cuenta! – Habló el Sombrerero levantándose de su silla.

- Está bien. Había una pequeña niña que vivía en París, ella tenía una casa que había dejado al cuidado de un hombre. Este hombre vomitaba conejitos, uno por día. Eran tan pequeños que cabían en su mano.

- ¿Vomitaba conejitos? Eso es muy extraño. – Dijo Alicia.

- No lo es. – Respondió el Sombrerero. –

- ¿Y qué hacía con ellos? – Preguntó Alicia mirando a la Libre.

- Al principio los guardaba en el ropero, pero comenzaron a ser demasiados y… - ¡Quiero una taza limpia! – Interrumpió el Sombrerero- Avancemos todos un lugar. – Se levantaron y la Liebre agarró al Lirón por el cuello colocándolo en otra silla.

- Han escuchado está historia: Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento, el coronel Aureliano Buendía había de recordar aquella tarde remota en que su padre lo llevó a conocer el hielo… - Dijo el Lirón.

- La historia de los Buendía… años y años… ¿cuántos fueron? – Volteó el Sombrerero a ver a Alicia y ella sólo sonrió. – Lirón, eres tan aburrido como tu amigo Borges. - ¿Borges? – ¡Hay cinco Borges! – Dijo el Lirón.

- ¡El más desagradable de los cinco! A ese me refiero. – Exclamó el Sombrerero. -Por cierto pequeña niña, sabías que hay personas que se dedican a estudiar los libros. - Sí – Respondió Alicia un poco temerosa.

- ¡Oh! ¿Y cómo son? – Pues… - Se quedó pensando Alicia. – Son personas muy educadas… - Fue interrumpida por la Liebre de Marzo - Son muy raros, algunos se la pasan leyendo todos los días sin descanso… -

- Tienen ojeras. – Interrumpió el Lirón. – Hablan de la esencia del lenguaje y su origen – Dijo la Liebre de Marzo. –

- ¿Y qué has leído niña? – Miró fijamente el Sombrerero a Alicia. – Pues a mi me gustan las aventuras del niño mago Harry… - No digas ese nombre - Gritaron todos callando a Alicia. – Está prohibido hablar de ese niño. – Murmuraba el Sombrerero. - La reina de corazones podría…

- ¡Qué le corten la cabeza! – Se escuchó a lo lejos.

- Eso, a eso me refiero – Dijo el Sombrerero. Mejor no digas más.

- Pero si a mi me gusta…

- ¡cállate! Nos cortarán la cabeza – la interrumpió el Sombrerero.

Alicia se levantó muy disgustada y se alejó de allí. El Lirón cayó dormido en el acto, y ninguno de los otros dio la menor muestra de haber advertido su marcha, aunque Alicia miró una o dos veces hacia atrás, casi esperando que la llamaran. La última vez que los vio estaban intentando meter al Lirón dentro de la tetera. – ¡Por nada del mundo volveré a poner los pies en ese lugar! – se dijo Alicia, mientras se adentraba en el bosque. - ¡Es la merienda más extraña a la que he asistido en toda mi vida! -

domingo, 29 de agosto de 2010

Fatiga

En busca de la tranquilidad

Encuentro de la fatiga

Evadiendo la ira

Rescatando la paciencia


Dolor que emergió de tus palabras

Sonrisas que produjeron mi rostro

Cansancio de tus pesares

Negación de tus virtudes


Recordatorio de la frustración

Palabras que se fueron volando

Ante tus oídos sordos por la obstinación

Simplemente dolor


Buscando la tranquilidad

Encontrando la fatiga

En tus ojos y en mi cuerpo

Deseo dormir y soñar

Descansar y volar

sábado, 28 de agosto de 2010

Fuego




Navegante dorado,
Constante observador
Y del fuego el creador.
Develas al dormido
Y las trampas
Pero creas las sombras.

jueves, 5 de agosto de 2010

Umbra



El sol, por más brillante que sea,
no se da cuenta que produce sombras.