domingo, 14 de marzo de 2010

Espera del camión

Eran las 11 de la mañana de aquel lunes de abril en la ciudad. El cielo estaba totalmente despejado y su color azul era mezclado por el café del polvo.

Si no me apuro llegaré tarde, espero no tarde el camión. – Se decía así mismo la joven mujer.
Los carros pasaban uno tras otro, la joven corrió y atravesó la calle, caminó por unas cuantas calles desde su casa hasta que pasó por un banco en dirección a la avenida Vallejo. En su espalda cargaba una pequeña mochila mientras que con su brazo agarraba una caja de zapatos.

¡ahí viene el camión, qué bueno! No… no es… - Había llegado a la parada corriendo, estaba agitada y decidió recargarse en la cabina telefónica y después se sentó en la banqueta dejando a un lado la caja.

Se quedó pensando por un momento
“Primero tengo que ir a la escuela, luego… ¿qué hago con la caja? No puedo llevarla con él… me preguntará qué es… y pues…. “
Me podrías dar la hora - Preguntó un hombre moreno a la joven la cual despertó de su trance.
¡Ah! Son las 11:15
Gracias.
De nada. “A este paso no llegaré… esta tardando el camión… y esta muy lejos para ir caminando… en realidad muy lejos… llegaría mañana seguramente se voy caminando. Mejor hubiera dejado la caja en la casa, pero no… Mónica tenías que regalarla y traerla… pero en la casa seguramente la encontrarían y revisarían… así esta mejor… ya no puedo confiar en mi madre. Primero tomo el camión a Azcapotzalco y de ahí al metro, para ir a la universidad…”
El paso de los camiones estresaba más a Mónica porque ninguno era el que la llevaba, Mónica comenzó a quemarse por el sol que caía fuertemente, se arrimó a una pequeña sombra que proyectaba la caseta telefónica y tomó la caja y la colocó encima de sus piernas; la abrió.

Esto me recuerda cuando esperaba a… ya, es suficiente… - Mónica comenzó a revisar las cosas que había en la caja, es esta se encontraban revueltos papeles, cartas, fotos, envolturas de dulces y una servilleta. Agarró una carta de color amarillo y la abrió.
“La primera carta que me regaló Roberto… uno de los tres únicos regalos que me dio… “ – Leyó para si misma:
“Me has hecho el ser más afortunado del mundo, bueno del defe… nunca pensé encontrarme a alguien como tú… me encanta tu sonrisa, tus ojos… Sabes, tengo que reconocer que me has hecho muy feliz, agradezco haberte conocido… “
“Esto era amor… pero bueno… ya pasó… ¿Porqué no seguimos así? ¿En qué fallamos? Para empezar el siempre fue muy frio… bueno, al principio no… hay algo raro… “ – Dobló la carta y la metió en la caja. Sacó otra:
“Tengo que confesarte que es la carta más difícil que he escrito, primero porque tuve que atender a los clientes en segundo porque sabes que no soy muy bueno para escribir… Disculpa por aquellos momentos en los que te he hecho sentir mal, por mi actitud, en ocasiones, distante o indiferente… pero sabes que te quiero mucho y espero me tengas paciencia… sé que piensas que no soy cariñoso… me cuesta… pero… ten paciencia…” – Terminó de leer Mónica. – Esta carta fue la última… antes de que cortáramos, aquí ya todo iba directo a la basura. – Dobló la carta y tomó unas fotos. – “Mi primer viaje con Roberto… me la pasé muy bien… Creo que ahí viene el camión…” – Se levantó Mónica guardando rápidamente las fotos pero se dio cuenta de que no era el camión, se sentó nuevamente.
“¿qué más hay…? Los papelitos de mi amigo…” – Mónica recordaba aquella ocasión que fue a tomar café y Raúl puso en la mesa cuatro papelitos de colores que formaban la palabra hola. En cada uno, al reverso, tenía unas palabras escritas, leyó una frase: “Quisiera despertar y tener tu cabeza apoyada en mi cabeza” – Mónica suspiró y guardó los papelitos.

domingo, 7 de marzo de 2010

Escalinatas


El sol caía como plomo sobre las calles, el cielo azul cubría toda la ciudad. El ruido de los autos ahogaba el ambiente. Comerciantes gritando, personas riendo y platicando. Bailarines con sus dansas dando brincos y vueltas a un lado del templo mayor. El gris del pavimento contrastaba con el rojo de las piedras del templo. Un nopal solitario vivía entre las piedras.

- ¿Esperas a alguien? - Preguntó una mujer un poco robusta.
- ¿Disculpe? - Salía de su trance José que miraba fijamente las seis figuras de piedra que descansaban en los escalones del templo.
- ¿Qué si esperas a alguien? Has estado aquí por más de una hora y en miras el reloj constantemente.
- Esperaba a… pero ya no importa, me cansé de esperar. –
- Ahora veo, supongo que es alguien que quieres. – Dijo la mujer.
- Sí… quería, ahora estoy enojado. –
- Te dejaron plantado. ¿Y por qué no te vas? –
- Porque me agrada este lugar. Es aquí donde lo conocí. – Contestó José.
- Entiendo, ¿Llevan mucho tiempo…? Disculpa, que atrevida soy, creo que son asuntos que no me importan.
- No te preocupes, me hacía falta platicar para relajarme. Por cierto me llamo José. –
- Gusto en conocerte José, me llamo Mónica… -
- La que ama la soledad… eso significa tu nombre. –
- ¡Vaya! No sabía.
- Llevamos cuatro años de conocernos. Lo conocí en este barandal, mirando las estatuas de piedra. Empezamos a platicar, hubo química. Salimos por un tiempo y luego se distanció, cortamos. Nos volvimos a encontrar y regresé con él. Siempre es lo mismo, siempre lo espero… -
- Qué situación tan complicada. Nunca he sido buena para dar consejos, te lo dice una mujer que ha salido poco a sus 37 años. La mayoría de mi tiempo la paso aquí, en el trabajo, le he dedicado 10 años.
- Creo haberte visto en alguna ocasión cuando venía con él al museo.
- Mira – Señaló Mónica el cielo. – Es la luna.
- ¡qué hermosa es la luna en pleno día!
- ¿Conoces el mito de la Coyolxauhqui? – Preguntó Mónica.
- Sí, me la contó… la Coyolxauhqui al saber del embarazo de Coatlicue decidió matarla pero Huitzilopochtli protegió a su madre y a él con una serpiente de fuego que lanzó a Coyolxauhqui, quedó descuartizada y después fue lanzada desde el cerro de Coatepec, por eso se dice que la luna es vencida cada mañana por el sol. Me gustaría lanzarlo por las escaleras, en realidad no. Siento como si estuviera descuartizado, tengo varios sentimientos encontrados.
- Entiendo… -
- He aprendido muchas cosas. Antes, de pequeño, me parecía aburrido asistir a los museos, pero desde que lo conocí me llamaron la atención. –
- Es normal, cuando pasas mucho tiempo con alguien ambos comienzan a tomar actitudes del otro. – Dijo Mónica.
- Pero su miedo, es como si yo subiera todos los escalones y el se quedara abajo mirando y pensando en hacerlo o no.
- Quizás tenga miedo a morir.
- ¿Morir? –
- Sí… En la segunda etapa del templo mayor hay una…
- Piedra de sacrificios… Una vez me contó que soñó que era llevado a lo alto de un templo… -
- ¿Has pensado en dejarlo definitivamente? –
- Por el momento no creo… Cuando estamos separados lo recuerdo, siempre lo recuerdo.

sábado, 6 de marzo de 2010

Humedad


Estaba esperando en la calle, a un lado de la puerta. Las gotas de agua flotaban en el aire. La neblina caminaba lentamente en la ciudad y se la tragaba. Mientras esperaba miraba a su alrededor los rostros de las personas que caminaban frente a ella. Es como si todas las personas estuvieran tristes, con la mirada baja y sin sonreír. Recordaba la ocasión en la cual sus padres le habían dicho que se fuera de la casa. Estimaba a sus padres pero ellos no comprendían la situación de su hija. La mirada triste de ella, las lágrimas cayendo de su rostro por la impotencia y tristeza por la decisión de sus padres. Estas imágenes pasaron ante los ojos de ella que esperaba a un lado de la puerta mientras las gotas de agua flotaban en el aire y la neblina caminaba lentamente en la ciudad y se la tragaba. Escuchó una voz, era la mujer de cabello castaño que le decía que en un momento salía. Esperaba en la calle, viendo la mirada baja de las personas. Ella seguía visitando a la mujer de cabellos castaños, la esperaba pacientemente como siempre en la calle, en la humedad de la neblina.

Atardecer


El sol caía directamente sobre los vitrales dividiendo la luz en amarillo, rojo y naranja. Dentro del edificio siempre era un eterno atardecer, no importaba la hora del día siempre los colores del vitral daban la ilusión de que el sol moría.

- Hola, ¿cómo estás? - Llegó una mujer de piel morena y cara redonda.
- Bien gracias - Respondió la joven mujer de pelo castaño que estaba sentada en la banca que miraba hacía la gran pared de vitral. - Es muy hermoso el efecto. - Dijo
- Sí... oye, quería hablar contigo sobre... - Dijo la mujer morena...
- Sobre que.... dime... -
- No nos vamos a poder seguir viendo, surgieron algunos problemas
- ¿A qué te refieres? -
- Creo que se enteraron de que nos vemos... sigo sin entender su comportamiento...

El silencio pareció inundar la sala, las personas entraban al instituto, subían y bajaban las escaleras, las mujeres se miraban sin decir nada. La luz roja bañaban el cabello largo y castaño de la joven mujer. Un amarillo pálido mezclado de oscuridad cubría a la mujer morena.

La puerta del cielo


Nuestro viaje quizás empezó antes de conocernos, no sé si trascienda las barreras del tiempo. Recuerdo aquella mañana cuando desperté y estabas a mi lado. Nos arreglamos. La cama estaba desecha, me senté al filo de la cama y te llamé. Saqué de mi mochila una hoja, era un regalo para ti. Te lo di, tenía unas palabras escritas atrás, diste vuelta a la hoja y encontraste un dibujo. Estaba pintado con colores de madera. El dibujo mostraba la orilla de un abismo cubierto por el pasto, apuntaba hacia enfrente... dabas unos pasos hacia el barranco, sorprendido por la vista volteaste a verme, las nubes flotaban lentamente en el aire y el sol coronaba el cielo. Sonreíste y dije:
-Sigue caminando... -
Respondiste: ya no hay piso.
- Confía en mí- dije.
Distes unos pasos y una reja circular de oro apareció ante tus ojos, volteaste. -Te dije que te llevaría al cielo-. La puerta se abrió de par en par y tomaste mi mano, caminamos hacia la puerta, entramos al cielo.

Itinerario


No sabía con precisión a dónde me llevaría. Le comenté a mi guía que si quería más adelante podría llevarlo al infierno, podría mostrarle el castillo luminoso donde se encuentran los grandes filósofos, le dije que me parecía injusta tal ubicación del castillo, a las afueras del infierno, en cambio a los teólogos los habían ubicado en el cielo.
-¿Injusto? - Preguntó mi guía.
-Sí... es injusto. También podría llevarte al paraíso terrenal.
-¡Claro!. No sólo iremos al Mictlan, sino también al Tlalocan o al Ilhuicatl...
Tengo que confesar que sabía muy poco de esos lugares, había leído un poco de mitología mexicana, soy mexicano... sin embargo sé más de la cosmovisión griega... ambos mundos me fascinan y creo que mi guía estaría igual de perdido en el infierno que yo en el Mictlan...

Enamoramiento


Me preguntaron en aquella ocasión, antes de partir hacia la ciudad si deseaba ir a visitar la plaza, yo sin resistencia e inmediatez dije: yo te seguiría hasta el infierno. Mi guía me contestó: mejor sígueme al MIctlán…

domingo, 31 de enero de 2010

Platicar


Se define sencillamente como hablar o conversar. Con quien no es problema.

- Este parece un buen lugar para alejarme de… - Fue interrumpida Lola por una joven mujer que estaba sentada a su lado. Lola y aquella mujer se encontraban en la banca de un parque mientras el sol caía por el horizonte.
- ¿Creíste que escaparías de mí? – Sonrió aquella mujer
- Sí… por lo visto me encontraste. – Dijo Lola – Estoy agotada, he estado todo el día huyendo de ti, me rindo.
- Vamos a platicar ¿quieres? – Preguntó la mujer.
- De acuerdo. Sabes, pensé que todo había quedado atrás.
- No es así, eres tu quien haces que todo regrese una y otra vez, los recuerdos son tu perdición. – Murmuró la joven mujer.
- Por más que intento todo me recuerda a él, las canciones, las historias, los lugares, todo… - Lola miraba sus pies mientras hablaba con la joven
- ¿Aún te gusta? –
- Sí – Respondió Lola.
- ¿Estas consciente de lo que me estas diciendo? – Preguntó aquella mujer
- Claro... ¿tu no? – Cuestionó Lola
- Mira, debes hacerte a la idea de que ya terminó la relación... finalizó...
- Lo sé... pero... – Se quedó callada Lola
- Sí, aun sigues pensando en él... –
- Puedo decir que me mintió... – Murmuró Lola
- Mira... estas perdiendo la cordura... en primer lugar estabas consciente de la situación, sabías que era muy complicada la relación, en segundo... no estas hablando con alguien de verdad... prácticamente estas hablando sola...

domingo, 24 de enero de 2010

Apatía


Apatía: Se define formalmente como la impasibilidad del ánimo, la dejadez, indolencia, falta de vigor o energía. Es el resultado de varios encuentros sin éxito a lo largo de la vida dando una visión negativa de la realidad. Algunos sujetos experimentan este estado llegando a negar sus sentimientos resultando a un temor de entrega hacia otras personas.
- Hola, buenos día. – Extendió su mano Mary a Claudia
- Hola ¿cómo estas? Tanto tiempo sin vernos. – Claudia la abrazo y tomaron asiento.
- Pensé que no ibas a llegar, que me dejarías plantada – Dijo Claudia.
- No, como crees, se me hizo un poco tarde ya luego te cuento. – Mary decía de manera un poco agitada. Dos jóvenes mujeres platicando en un café de la ciudad, el sol bajaba lentamente por el horizonte. El camarero llevó las bebidas a las jóvenes.
- ¿Has escuchado el rumor? – Preguntó en voz baja Claudia.
- Sí, es muy preocupante, no sé si sea cierto… - Contestó Mary.
- Cuando lo escuché no supe que decir, no lo creí. – Dijo Claudia un poco incómoda
- En verdad que es preocupante. ¿Qué piensas hacer con tu novio si es cierto? – Preguntó Mary.
- No sé… quiero confirmar primero el rumor, preguntarle a más personas, saber que opinan, quiero comprobarlo con mis propios ojos antes de hacer algo, si es cierto el rumor tendré que dejarlo. – Claudia decía mientras veía alrededor.
- ¡No! Pobre de Fabio, no se lo merece, se ha portado tan bien. – Expresó Mary.
- Lo sé, el no tiene la culpa… pero qué puedo hacer si el rumor es cierto. – Claudia se le quebraba la voz por pensar en la posibilidad de la separación.
- Amida… no te pongas así. El rumor es sólo eso un rumor.
- Sí … -
- Pero por otra parte varias personas en las calles están hablando de eso, me han llegado una infinidad de correos con lo mismo. – Mary tomaba de la mano a Claudia.
- Me tuve que enterar en el peor momento. Dijo Claudia.
- Tranquila… Tengo un amigo que piensa que es verdad, estuvimos platicando por más de tres horas. Antes de que llegaras me llegó un mensaje diciéndome que pasara el mensaje a mis amigos, decía que era cierto el rumor y que había que alertar a todos.
- No sé que haré… llevamos casi un año, nunca puedo pasar más de un año con un novio por equis o ye razón. Quizás si sea cierto el rumor y tenga que cortar con Fabio. – Claudia se secaba una lágrima que había caído por su mejilla.
- Tranquila amiga todo saldrá bien, tendremos que pensar en algo para comprobar si es verdadero o falso el rumor. – Miró fijamente Mary a Claudia.
En el metro de la ciudad de México dos jóvenes se subieron al vagón y se colocaron al fondo.

- ¿Cómo te ha ido en el trabajo? –
- Muy bien… - Platicaron por un momento y una joven sonreía a uno de los muchachos, al mayor.
- Mira… esta bonita – Sonrió
- Mejor no le hagas caso, que tal si es cierto el rumor… - Dijo su amigo susurrándole al oído. –
- Son puras mentiras –
- Si te quieres arriesgar adelante pero te advertí.
En alguna secundaria de México los jóvenes salían a su descanso. Era la mañana, el cielo estaba completamente azul y el sol caía como plomo pero un viento corría suavemente.

- ¡Vamos a echar la reta con los del otro grupo! – Gritó Iván a la bolita de muchachos en el patio.
- Ahorita que el negro traiga el balón, no ves que esta en la dirección. – Le respondió José. Tres muchachas se acercaron al grupo.
- Hola Iván. – Sonrió Lupe mientras que sus amigas estaban detrás de ellas y se susurraban cosas.
- Hola… - Se acercó a ella y le dio un beso en la mejilla. Las amigas de Lupe se emocionaron.
- Oye, venía a decirte que… - Se quedó callada por un instante mientras que los demás veían a Lupe. – que si quieres salir conmigo después de clases. – Las amigas de Lupe emitieron un grito ahogado.
- Eh… este… No puedo. – Contestó Iván.
- ¿Por qué? – Preguntó desanimada Lupe.
- Mm… Quedé con mis cuates para un partido de fucho en la tarde. – Lupe se quedó sorprendida y se retiró. Más tarde en el salón de clases una de las amigas de Lupe le aventó una bolita de papel discretamente para que no viera la profesora, lo abrió y leyó:
- “Ya sé porque Iván no salió contigo, ya sabe lo del rumor” – Lupe escribió en la hojita y se lo aventó a su amiga.
- “¿Qué rumor?
- “No lo sabes…”
- “No, dime.”
- “El amor no existe.” – Junto un dibujo de una carita triste L
En las calles de alguna provincia de México se veían varias calcomanías con corazones rotos, en algunos postes se leían mensajes como: “Di no al rumor”, “No hagas caso”. Algunos mensajes más positivos decían: “Sí existe”, “No tengas miedo”.
- Mira aquellos dos. – Decía José a Carmen. Estaban sentados en la banca de un parque viendo a una pareja besándose al otro lado de la fuente.
- Se ven muy bien. – Exclamó Carmen.
- ¿Qué aun no sabes…? – Fue interrumpido por Carmen
- ¿Lo del rumor…? Sí, pero no creo nada.
- Pero si esta más que comprobado que el amor no existe. – Dijo un poco molesto José.
- No, no es así, son puros chismes y eso es la prueba de que existe. – Miraba atenta Carmen a los novios besándose.
- Pues varias estaciones de radio han cerrado por lo mismo, aquellas que pasaban puras canciones románticas se fueron a la goma. El registro civil esta vacio, las iglesias no saben que hacer pues ya nadie se quiere casar, la gente esta consciente del problema. Han salido varios artículos científicos apoyando la idea, diciendo que el amor es sólo un proceso químico en nuestro cerebro, el enamoramiento es sólo una etapa que dura a lo mucho dos años y de ahí todo a la chingada. – Expresó José.
- Que el amor entra por la nariz por medio de las endorfinas que activan nuestro cerebro y bla bla bla, Que el día de San Valentín es sólo una campaña comercial para gastar en cosas innecesarias, que el índice de divorcios es mayor que el de matrimonios en los países de primer mundo, que hay un desencanto general en la población, que es para idiotas llevar rosas o chocolates a alguien, escribir una carta o regalarle un peluche, decir un te quiero o besarlo en la calle, porque al paso del tiempo la ilusión de amor se va, en pocas palabras que el amor no existe.
- ¡Correcto! Eres una mujer inteligente y bella, sabes que nos movemos por impulsos y el deseo, el deseo puede desaparecer y cambiar. – Dijo José.
En una tienda de regalos dos empleadas estaban quitando la infinidad de regalos en los escaparates de alguna tienda.
- Sigo sin aceptar el rumor… - Alejandra quitaba las cajas de regalo mientras hablaba con Laura.
- Lo sé, es preocupante, sólo nos vamos a quedar con la venta de papelería. – Dijo Laura.
- Es muy triste. – Alejandra acariciaba un peluche.
- Pero en parte tienen razón. – Exclamó Laura.
- ¿Cómo puedes decir eso? – Preguntó Alejandra
- ¿No te has fijado que ya nadie viene a comprar ni siquiera una tarjeta? –
- Sí – Contestó Alejandra. – Pero…
- ¿Además qué te dijo tu ex? – Preguntó nuevamente Laura.
- Sí, sí… Que ya había perdido el encanto, que tenía cierta apatía con las relaciones, que siempre había terminado mal y el rumor sólo vino a empujar lo que sentía.
- Y ya llevaban más de cuatro años juntos. – Dijo Claudia.
- Sí… pero…- Se quedó callada Alejandra mirando un corazón de papel.
- Pero nada amiga, hay que aceptar que varios no creen en el amor.
En alguna esquina de alguna ciudad en México.
- Malditos posters, están muy bien pegados. – Se decía para sí misma una joven mujer.
- ¿Te puedo ayudar? – Era la voz de un muchacho que se acercó a la joven que estaba subida en la escalera para quitar el poster.
- No gracias, ya casi esta. – Sonrió nerviosamente la joven.
- Supongo que no crees en todo esto. – Preguntó el joven hombre.
- No, para nada, es ridículo. – Contestó la joven.
- La gente tiene miedo, es simplemente eso, han perdido el sentimiento de magia y creen que fracasaran.
- Es lo que pienso. ¿Pero sabes algo más? – preguntó la joven.
- ¿Qué?
- Todos aquellos que se han hecho caso al rumor siguen pensando lo contrario, siguen buscando, se enamoran …
- Así es… ¿Quieres que te ayude a quitar los demás posters…?

martes, 5 de enero de 2010

Visita

-¡No! – Contestó la joven mujer de cabellos negros y largos.

- ¿Qué tengo que hacer para que me des un sí? – Preguntó el joven hombre de piel morena y cuerpo delgado.

El cuerpo de la joven se resiste, se encorva, los ojos delatan el rechazo ante el muchacho, no lo miran, ven todo menos a los ojos negros del joven hombre.

- Dime que sí Claudia – Tomó del brazo el joven

- Ya te dije que no caeré en eso nuevamente Mario… -

- Sabes que te quiero, he cambiado, sólo quiero estar contigo. – Dijo Mario mientras que Claudia reía.

- Cuántas veces he escuchado lo mismo – Claudia se le dio la espalda mientras veía pasar los carros en la calle.

- Hoy te ves muy bonita. –

- Gracias – Suspiró Claudia.

- Mira, sé que la cagué, que te hice llorar esa vez, nunca me voy a perdonar que te haya hecho llorar y menos por mis celos… tú lo sabes, soy muy celoso.

- Me diste mucho miedo, parecías un loco.

- Lo sé pequeña, y me siento como un estúpido.

- Eres un estúpido… - Dijo Claudia.

Un hombre buscaba las llaves en su habitación, agarró su mochila y salió a la calle.

- Eres muy mala conmigo. – Dijo Mario.

- ¿Yo soy la mala? Disculpa pero yo no te dije que dejaras de ver a… ni a tus amigos ni a nadie. – Un muchacho en un monociclo pasó por la calle. – Esto es ridículo.

- Lo siento, son palabras que salen de mi boca, sé que no tengo derecho sobre ti …-

- Pero actúas como si así fuera, me dijiste que no volviera a ver a José, que si me veías nuevamente con él lo ibas a golpear.

- No hice nada, son sólo ideas estúpidas, palabras de un celoso.

- Pues controla tus celos, en primera no tienes porque reclamarme nada, no somos novios.

- Lo sé.

- No me vuelvas a decir que no vea a mis amigos, yo veo a quien yo quiera y no necesito estarte pidiendo permiso.

- Entonces… - Colocó Mario su mano sobre el hombro de Claudia.

- ¿Entonces qué? – Preguntó Claudia.

- ¿Nos veremos esta noche? – Preguntó Mario mientras acariciaba a Claudia.

- Y vuelve la burra al trigo. No, hoy no puedo, no quiero aparte. – Volteó a ver Claudia a Mario.

- Yo te quiero. ¿Tú me quieres? –

- No me hagas esas preguntas. – Dijo Claudia.

- Ya sé que no me quieres, que soy sólo… bueno… la “visita”, pero es que me encantas, me gusta tu cuerpo, sentirlo, acariciarlo, es tan suave, quiero tenerte. – Había cerrado los ojos Mario mientras hablaba

- Eso es muy poco romántico, créeme que con eso no vas a conseguir un sí. – El cuero de Claudia mostraba incomodidad, estaba golpeando levemente el suelo con su pie, sus manos las había cruzado, sus ojos miraban hacia arriba todo el tiempo. – Sigo sin entenderte, dices que me quieres pero tienes a tu… “conocida”.

- Te dije que sí querías ser mi novia, nunca me aceptaste. – Dijo Mario un poco enojado.

- ¡Claro que acepté en un momento! Pero tú te perdiste por dos días, no supe nada de ti, eso no era un noviazgo. Sigo pensando que sólo me quieres por mi cuerpo, me siento como una prostituta.

- No es así porque yo te quiero – Mario se acercó más a Claudia, la tomó de la cintura. – Eres más que eso, eres una mujer muy especial que merece a alguien mucho mejor que yo, eres muy especial para mí.

Una mujer de pelo castaño se peinaba mientras se miraba en el espejo, miró el reloj en su teléfono, se quedó quieta por un momento, se levantó de la cama y tomó de la mesita de noche una bolsa con dulces.

- ¿Nos vemos esta noche? - Preguntó Mario nuevamente cuando el sonido del celular interrumpió la respuesta de Claudia. Mario revisó el celular, sonrió y lo guardó, Claudia sólo veía y su cuerpo habló mediante una mueca en su rostro.

- Sí o sí… -

- Ya te dije que no puedo, no quiero. – Exclamó Claudia.

- ¿Entonces lo de nosotros ya acabó? –

- No he dicho que ya no te volveré a ver, pero dame tiempo, en este momento no quiero, estoy bien.

- Esta bien, respetaré tu decisión. – Mario empezaba a caminar cuando Claudia le dio la mano para despedirlo.

Claudia siguió su camino, llegó hasta su casa y en la puerta estaba un hombre con mochila.

- ¡Hola amor! – La cara de Claudia se iluminó.

- Hola preciosa, ¿cómo estás? – Abrazó el hombre con mochila a Claudia.

- Muy bien, bueno, tuve un pleito con un amigo pero nada grave.

- Tranquila.

- Sí, además hoy es nuestro aniversario, cumplimos un año de novios.

- Así es niña, te tengo una sorpresa vamos para que te muestre.

La pareja se tomó de la mano y caminaron.

Un mensaje llegó al teléfono de Mario: “¿Cómo estás? ¿Me extrañas? Gracias por los dulces que me diste, están muy ricos, también por el viaje. Sabes que te quiero mucho. Oye ¿tienes la foto donde estoy durmiendo? Cuídate, te quiero.