domingo, 3 de enero de 2010

La fresca lechuga


Días atrás platicaba con una vieja colega. Nuestro encuentro fue repentino. Me dirigía a casa y en el camino coincidimos. Ella se había mudado a otra ciudad hace tres años. La invité a mí casa fuimos a la sala y se sentó en el sofá, le serví una taza con café.

Empezó a platicarme de su hija que cumpliría un año de edad en un par de meses, de su trabajo y de las últimas novedades en su vida. Dio un sorbo a la taza y se sobresaltó recordando a una mujer en su trabajo la cual le parece extraña, en primera porque a pesar de que hiciera frio ella usaba ropa muy ligera, lo más extraño para mi amiga es que nunca la había visto molesta, siempre sonreía. Mi amiga consideró que le resultaba extraña tal actitud y se preguntó si no había en el mundo algo que aquella mujer detestara, mi amiga comenzó a decirme lo que le molestaba: el tráfico, las cucarachas, que su marido no llegara a casa… Preguntó que me molestaba a mí le dije que el sonido de los claxon, los días lluviosos que no permiten salir a la calle, las personas que impiden el paso en la banqueta, que me platiquen un anécdota más de una vez, que me hablen mientras veo la tele, esperar por más de media hora a un amigo y que me deje plantado… Fui interrumpido por mi compañera pues se rió y me dijo que la última parte la tenía muy presente. Continué. No me agrada el lloriqueo de los bebes, el maullido de los gatos por la noche, el ruido estridente de las fiestas de los vecinos que no dejan dormir…

Mi amiga se me quedó viendo y luego se soltó a reír. Callé y me dijo que seguía pensando en aquella mujer de su trabajo, la apodó “fresca lechuga”. No supe que decir y ella dijo que había dos soluciones, aquella mujer estaba loca o los dos somos un par de amargados.

La inspiración


Algo caprichosa, en ocasiones se ausenta por largos periodos de tiempo, se pierde en la memoria, a veces en el momento menos pensado aparece. Una simple palabra, una imagen, una canción pueden ser aquél aliento divino del que hablaba Homero y Hesíodo. En cualquier momento, en cualquier lugar puede respirar sobre tu hombro, susurrarte suavemente una idea, es como si se lanzara una piedra en un lago, las ondas se van incrementando lentamente a lo largo, una sola idea puede desembocar en un gran pensamiento. Una explosión de colores, matices, ritmos, perspectivas, historias, momentos, caminos y desenlaces, todo esto contenido en una gota de inspiración. Puede ser violento el encuentro con la inspiración, pues se habla de un rapto, la persona es robada por los dioses y se le muestra en un momento algo fuera del mundo. En la antigüedad se habla de las musas, nueve divinidades que vivían y cantaban en el Olimpo, que en ocasiones revelaban a los mortales el futuro. Algunos dicen que es mejor que la inspiración nos encuentre trabajando, otros simplemente dejan que ella se acerque y se pose en la nariz como una mariposa.

sábado, 5 de diciembre de 2009

Coincidir...


Lo que provoca una sola palabra es un estallido. En algún momento escuchó la palabra coincidir, coincidir lo remitió a la boca de aquél hombre que decía: “A veces coincidir significa desencontrarnos”. No sólo recordó esa frase también cruzó ante sus ojos su mirada tierna, sintió un abrazo cálido, una historia vieja pero presente por aquella palabra. Coincidir no sólo significa “Concurrir simultáneamente en un mismo lugar” también remite a unos papeles sueltos en la mesa de un café, eran cuatro papeles y los cuatro formaban la palabra hola. En uno de esos papeles se encontraba escrito: “Me gustaría que durmieras en mi pecho y despertar a tu lado”. Otro papel decía: “Eres como el ratoncito que sabiendo el peligro que corre le gusta jugar con el gato”. Aquella escena en el café remite a un sentimiento y a otro recuerdo a un lugar con música y alcohol, ambos abrazados, su mirada y las palabras: Te quiero. Un silencio lo enmudeció pero recuerda que por dentro anhelaba decir que no sólo lo quería. Todo esto provoca la palabra coincidir en los pensamientos de esa persona.


Por Arlequin

domingo, 22 de noviembre de 2009

Pantitlán


---Fragmento---

Era alrededor de las once de la noche. La estación del metro se encontraba casi vacía. Algunas personas que salían de sus trabajos bajaban las escaleras a este otro mundo, que no estando tan alejado de la superficie parecía que se descendía a otra realidad. Los pasoso de las personas hacían eco en los pasillos, algunas pláticas rebotaban en las paredes, otros caminaban solos por los pasillos. Alberto se detuvo detrás de la línea amarilla que marcaba la zona de seguridad. Sus ojos castaños oscuros miraban perdidos del otro lado, el cabello largo pero sujetado por una liga mantenía en su lugar. Dos arracadas plateadas pendían de las orejas, una en cada lado. Alberto con sus veintiocho años los disimulaba con un cuerpo que parecía de menor edad, cuerpo que era delgado y de piel apiñonada. Alberto suspiró sin percatarlo, y el sonido del metro rompió el silencio relativo del lugar. Las luces anunciaban la llegada de los vagones y una corriente de aire cálido hizo despertar a Alberto.

Unas cuantas personas salieron del vagón, una de esas personas llevaba a su hijo de la mano el cual sostenía una pequeña bandera, acto seguido entró Alberto. El vagón casi vacio guardaba a unas personas dispersas en los asientos. Alberto fue recibido por la luz blanca del vagón, luces blancas un poco opacadas por las luces de las lámparas del techo. Un color amarillento que cubre las paredes internas del vagón mezclado por la propaganda. Los asientos verdes de plástico brillaban al igual que los pasamanos. Alberto se sentó en un asiento cerca de la puerta, acomodó su mochila azul rey sobre sus piernas y sacó un libro, comenzó a leer.

Alberto sufría de un serio problema, su mente divagaba en una y mil pensamientos, estaba agotado, no solo por el trabajo, se añadía el hecho de que no podía dormir bien, sus ojos anhelaban el sueño, su mente exigía un descanso.

- “Aun faltaba mucho para la gran fiesta de la ciudad de las siluetas aquella que había sido invitada… “– Leyó Alberto y se detuvo, miró a su alrededor, un pensamiento de soledad cruzó fugazmente por su mente. – “… las siluetas comenzaron a salir de… guiéndose… a sus… abajos…” – Alberto leía pero en su mente no llegaban las ideas de lo que estaba leyendo.

- ¿Se acordará de mí? – Se preguntó a si mismo Alberto en sus pensamientos mientras leía – Su mirada tierna conmigo se ha perdido, esto es obvio pues lo nuestro duró muy poco, además ella estaba con otro… ¡ya deja de pensar en eso… mejor continuó leyendo…- Lo que habían durado sus pensamientos, el metro avanzó dos estaciones.

- “… un pequeño sendero la invitó a pasar entre árboles de papel corrugado… intados… ha…tados…sin…fin… - Volvía a leer y perderse en sus pensamientos. Recordó aquél sueño que había tenido hace poco tiempo, se encontraba de pie junto a la orilla de un lago, en el horizonte se veían los grandes volcanes. A su derecha se apreciaba un gran remolino de agua, y sobre éste dos grandes banderas que anunciaban el peligro de la alcantarilla…

Alberto había asistido al grito en el zócalo de la ciudad, esto hace ya una semana atrás. Entre la multitud explotaba una combinación de alegría y desencanto, el protocolo de las fiestas se había llevado a cabo como siempre. Antes del evento había llovido levemente, cubriendo el suelo con una delgada capa de humedad la cual hacía que se reflejará las luces de los adornos de los edificios. Los colores rojo, blanco y verde se diluían en el reflejo del suelo como un gran espejo de agua.

Alberto fue acompañado con un par de amigos del trabajo, presenciaron un espectáculo de luces que se proyectaron en el Palacio Nacional donde pasado, presente y futuro explotaban en un baile de colores acompañador con sonidos tradicionales, así como el mariachi estuvo presente, también hubo mezclas de sones con un toque de sonidos electrónicos y vanguardistas. Los teocalis aparecieron plasmados en el palacio, un ¡viva México! Saltó de pronto anunciando la llegada del presidente, dando paso al grito. El mismo zócalo era un gran laberinto de piedra asaltado por las luces, sus ocupantes entre perdidos por el alcohol y la desesperanza. Saltaban y gritaban queriendo salir de aquel estado de desencanto, de alegría artificial, de olvido de la realidad.

Entre el tumulto de personas Alberto creyó estar siendo observado, volteó y vio una mirada perdida, pero el mar de gente se tragó aquella mirada y desapareció. Luego Alberto asistió al departamento de uno de sus amigos a tomar y fumar. Entre confesiones y risas la noche siguió su paso por la ciudad…

Autor: Arlequín sin rostro

Retorno estelar


“Y volverán las estrellas a visitar la Tierra, de la que huyeron en esos tiempos oscuros"

Novalis

domingo, 11 de octubre de 2009

Enfermedad mental


"Quienes no sienten que una grave enfermedad les aqueja están mentalmente enfermos"

Hipócrates

sábado, 3 de octubre de 2009

Frase suelta


"El único guía es nuestro sueño nostálgico"
Hermann Hesse "El lobo estepario"

sábado, 12 de septiembre de 2009

Contensión


Fue un encuentro furtivo
aquellos que se escriben en piedra.
Tu mano me llevó por el encanto,
de una ciudad que suspira

El gris del suelo se convertía en recuerdos,
anécdotas e historia, en palabras y besos.
El amarillo silencioso moría, y yo entre tus brazos
deseaba suspender el tiempo, quedarme en tus labios

Ante tus ojos el amarillo neón se apodera de nosotros.
Me miras y sonríes… sueñas y suspiras.
La partida estaba próxima,
Te abrazo y ahogo las lágrimas
me marcho rápidamente sin mirar atrás
sin llorar…

El Hermitaño


Soy un morador de lugares antiguos y oscuros, de los espacios que los demás han olvidado.
Sólo me alumbra una linterna, que me centra, al ingresar a esta profunda caverna que es mi ser.
Mi vida, en el mundo soleado y lleno de ocupaciones queda olvidada.
Bajo por los sombríos y estrechos senderos que me llevan a la verdad.
En este proceso me redescubro y exploro todas mis facetas.
Sólo regresaré al mundo externo, de luz y actividad, cuando encuentre lo que busco.
Mientras tanto caminaré en soledad, dándome todo el tiempo que necesito para encontrar mi camino, mi verdad, mi verdadero maestro, yo mismo.


La fuerza


Tomo delicadamente las energías de la naturaleza,
las enfoco claramente y las aplico con sabiduría.
Por esto mis actos no traen consecuencias negativas,
ni a mí, ni a los que me rodean.
Mi efectividad es segura. Soy preciso y confiable.
Y, aunque manejo energías poderosas
(espirituales, mentales, emocionales y físicas),
No temo que me vayan a dominar.
Yo se medir con exactitud lo que se necesita
para cada ocasión y propósito.
Pues mis energías están alineados con el espíritu